Tras la mano en el hombro de nuestro compañero Antonio a través de su acertada entrada, me apetece contar mi experiencia en esta recta final de mi enésima presentación al PIR.
Este año pasado, a diferencia de otros, decidí que ya no iba a opositar de forma exclusiva. No podía con ese estilo de vida más. Pero a la vez, pensaba que no quería dejarlo. Por inversión, por enganche, o por lo que queramos llamar. Aunque en realidad creo que es porque en el fondo ser clínico sigue siendo mi opción preferida aun conociendo los 'pero'. Así que abrí puertas y entré en un máster de discapacidad este curso.
En resumen, por fin he conseguido que el PIR este año ya no sea lo primero. Y me alegro. Porque lo necesitaba, y me ha costado mucho conseguirlo.
En estas circunstancias, me presento a este examen con cierta tensión, porque no es poca cosa a lo que uno opta. Peroa la vez tranquilo.
Ya no me doy plazos. No más parón vital tras el examen. Ni vacío asociado. Ni culpabilidad.
Más que nunca, mi vida seguirá su rumbo. Si no sale la plaza, el PIR seguirá estando ahí, como opción posible. Y yo seguiré con mi vida, decidiendo otorgarle más o menos espacio.
Pero ya nunca más todo el espacio.
Cuento esto porque creo que es importante a la hora de contextualizar las cosas. Y de darle su justa importancia en un momento (como este, última semana) en el que uno puede sentirse al borde de un precipicio. De una catástrofe que en realidad no es tal. No hay ningún precipicio.
Y este cambio de dirección me ha ayudado a asumir esto de verdad.
Por lo demás, creo que al restarle tiempo al estudio, no he progresado como habrán hecho otras personas. Pero si he mantenido un nivel alto. Así que a por todas este sábado.
- ¿Y luego qué?
- Luego a seguir viviendo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario