sábado, 14 de abril de 2018

¿Por qué molesta el feminismo?

Segunda entrada sobre feminismo en este blog. A diferencia de la de MC, esta partirá desde una óptica diferente, más externa, y va a apuntar factores que creo afectan a la hora de percibir el feminismo con cierta resistencia.

La mayoría de los hombres, tengamos actitudes machistas más o menos marcadas, solemos pasar un poco de puntillas por el feminismo. Quizá en el ala más 'progre' lo vemos como algo obvio en esencia, que no dudamos en apoyar teóricamente, pero que no siempre está muy interiorizado como algo "nuestro". En cierta manera, puede ser lógico, por no pertenecer al grupo que reclama esos derechos.
Pero el feminismo no nos debería resultar ajeno por muchas razones, entre ellas pienso a bote pronto:

- Humanidad. Quien comparta valores de igualdad sin distinciones, debería favorecer este movimiento.
- Los hombres tenemos hermanas, amigas, madres, o parejas, a las que estamos apegados más que a la mayoría de los otros hombres, y a través de las cuales podemos percibir y sufrir (indirectamente) el machismo.
- El machismo tiene una vertiente limitante para el propio hombre, al pautar una forma de hombre machotil ideal y censurar otras formas de ser. Esto es, nos quita libertad.

Si eres un hombre, no te permitirás, por amor propio, demostrar temor o reconocer una neurosis de ansiedad
(Rótulos expuestos en las bases militares aliadas en Malta durante la 2ªGM)

Bien. Tenemos que el feminismo debería ser importante también para nosotros. Pero aún así parece que hay algo de recelo. Al menos una parte del feminismo diría que es rechazado en la mayoría de los círculos de hombres (y también quizá buena parte de las mujeres, pero este es otro tema).
Una parte importante, y posiblemente la principal, de este rechazo puede ser por los cambios que implica realizar en nosotros mismos. Y no sólo por el mero hecho de cambiar, que no suele ser tarea fácil. Sino porque estos cambios nos sacan de una posición privilegiada. 
(Nota: No voy a profundizar en esto, porque aún siendo posiblemente la razón principal, es la más obvia y ya viene bien reflejada en el artículo que acabo de enlazar arriba. Es la asignatura pendiente de nosotros los hombres, que tenemos que divulgar entre nosotros mismos).

Otra parte del rechazo un poco menos obvia creo que tiene que ver con psicología de los grupos.
Desde mi punto de vista, hay factores que influyen en que los hombres se sientan violentados por el hecho de su pertenencia grupal. Más allá de tildarlos de "ofendiditos" y demás, veamos qué puede estar influyendo:

El lenguaje creador de bandos

El lenguaje no es meramente  una "herramienta"(...) sino la materia misma de la que está hecha nuestra identidad como actores de la vida
(Marino Pérez, psicólogo)


El lenguaje empleado por muchas feministas supone la homogeneización del grupo hombres.
Con ello, expresan cualidades negativas aplicables a todo el grupo (abusadores, creencia de superioridad, privilegios injustos, etc). El fenómeno de homogeneidad exogrupal, es decir, percibir a los miembros del otro grupo como muy parecidos entre sí, está bastante estudiado en Psicología Social, con diferentes tentativas de explicación.

Teniendo en cuenta que nuestra pertenencia a un grupo influye en nuestra identidad y autoestima, la reacción es lógica ante tal autoimagen negativa impuesta es:"Yo no soy así".
Lo que en internet se conoce como el #NotAllMen

Esta reacción (NotAllMen) es criticada. La justificación de esta crítica es que cuando se homogeneiza al grupo hombres por parte del movimiento feminista, ellas asumen que están generalizando. Que no hablan de Rubén o de David. Que hablan de la sociedad patriarcal.

Meme visto en redes sociales sobre esta crítica al 'NotAllMen'

Reconozco que esto me chocó. A los "progres" se nos llena la boca de defender este NoAll-Loquesea, por creer que tiran de prejucio y generalización injusta:
- No todos los musulmanes son radicales.
- No todas las personas con trastorno mental son potencialmente peligrosas.
(...)
En el caso del machismo, puede argüirse que los comportamientos machistas si que están generalizados. Pero, si cogemos ese filtro laxo, deberíamos extender a hombres y mujeres, puestos que estos comportamientos puede que se den en la mayoría de individuos de ambos sexos.

En vez de estigmatizar por grupos, y crear así una posible rivalidad que no sirve para nada, quizá deberíamos señalar a la estructura, que nos socializó y nos metió esas mierdas que ahora intentamos eliminar. Cambiar el sujeto, diciendo, por ejemplo, "la sociedad patriarcal es..." , sería más atinado. Aclarando que son acusaciones referidas a la estructura, a la socialización de género, y no tanto al grupo de hombres.
Emplear un lenguaje que enfatice la separación de bandos, y la culpabilización de los otros, creo que da lugar a reacciones defensivas en ese supuesto otro bando
En contraste, un lenguaje que señale el problema de todos como sociedad, sin separar bandos, sería una óptica más pedagógica y también realista, que suscitaría menos defensividad, y por tanto sería también posiblemente más efectiva en su labor de comunicación, divulgación y cambio.

Póngase el caso de la divulgación pro-diversidad o pro-personas con discapacidad. En este tipo de divulgación no se emplea un lenguaje estigmatizante hacia los no discapacitados, incluso aunque son ellos los que siempre han coartado los derechos de los discapacitados. No se los etiqueta con categorías peyorativas. Sino que señala el problema como algo social, una tendencia interiorizada. Si queremos aliados, es mejor una labor educativa que culpabilizadora

De ayudar a ser reprochado, un paso

Como causa justa que entiendes que es el feminismo, puedes pretender ayudar de una forma que implique algo más que mostrar acuerdo. Este es un tema también muy debatido en redes. Puesto que se corre el riesgo de, incluso con buena intención, asumir un protagonismo en el movimiento feminista que reflejaría precisamente un machismo implícito (por estar nosotros tradicionalmente educados en la dominancia y protagonismo). En realidad, no sin razón.
(En tema manifestaciones, se indica, por ejemplo, que tengamos un papel facilitador para que ellas acudan, y que en caso de acudir nosotros tomemos un rol secundario)

Pero también es entendible que este es un concepto que puede chirriar también de primera mano, y que conviene explicar. Cualquiera que pretenda ayudar puede por inercia emprender un papel activo, y esto puede confundirse con esta dominancia machista. Hay que hilar fino al separar, pero de nuevo pueden pagar justos por pecadores. Aquí tenemos un vídeo de una youtuber sobre que la clave para ser un buen aliado es mirar primero tus privilegios



Si muestras desacuerdo, puedes ser sospechoso (etiqueta al canto)

Este aspecto me ha molestado últimamente. Escucho no pocas veces la idea de que las discusiones son inútiles, puesto que nadie va a convencer a nadie. Pues depende. De lo trascedental de las creencias en juego (el grado de identificación), de tu mentalidad más o menos abierta, etc. Hoy día me considero una persona atea. Hasta los 16-18 años, sin embargo, participaba en coloquios (con amigos, en internet, etc) defendiendo a capa y espada la religión.

Recientemente me he encontrado que, por mostrar desacuerdo en un aspecto secundario del feminismo (las formas de expresar), se me ha caricaturizado la opinión, estirando hasta parecer que no reconozco ciertas injusticias (esta caricatura es lo que se conoce como falacia del hombre de paja). También se me ha dicho que por ser hombre mi opinión cuenta menos, y que deje de imponer. Algo que creo desmesurado ante quien que intenta confrontar sus ideas para sacar algo en claro. Y que hasta diría que roza la falacia del argumento de autoridad.

Las discusiones no siempre son inútiles. Y el desacuerdo puede ser fuente de acuerdos tras el intercambio de opiniones. O no. Pero la actitud de censura + etiquetado de nuevo, además de posiblemente ser injusta, generará más defensividad. En lugar de eso, prudencia, intercambiar opiniones, o pasar del tema si no se tiene ganas y/o se ha topado con maleducados.

Al hilo de todo esto, suscribo la conclusión de este artículo de una conocida divulgadora feminista en redes sociales (Ayme), en el cual comenta la importancia de ser autocríticos, también dentro del activismo. Y de aquí parto para una reflexión final en esta entrada. 

Creo que como hombre debo acercarme al feminismo, seguir preguntando, y seguir confrontando. Tengo que ser cuidadoso a la hora de analizar por qué me molestan algunas cosas, que normalmente será porque no quiero dejar mis privilegios. Pero en este proceso de analizar mis mierdas, quiero no sentirme estigmatizado con tanta facilidad únicamente por mi pertenencia a un grupo. Quiero tener también la libertad de poder ser crítico hacia fuera si veo que algo se hace mal, sin que por ello se polarice mi opinión, o se me etiquete de nada peyorativo. Que no por decir estas palabras que escribo, se interprete atomáticamente que intento demostrar mi superioridad como hombre, ni hacer gala del protagonismo/dominancia machista.

Sólo espero que, dado que el feminismo necesita de esa otra mitad de la población, la experiencia de por qué chirría a veces incluso a hombres "progresistas" pueda servir. Tanto para las que luchan por sus derechos como para los que, como mínimo, no tenemos intención de entorpecer esa lucha. Nosotros también tendremos que ir haciendo nuestro propio trabajo interno.

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