jueves, 7 de junio de 2018

"Donde esté una buena hostia a tiempo..."


He presenciado estos días un debate a raíz de este vídeo. La sensación al verlo es de rabia ante el mal comportamiento, e incluso me he encontrado una bastante generalizada defensa de la agresión del adulto al niño (ver, también, los comentarios en Youtube)

El caso, hay que reconocer, es excepcional. No se ve todos los días a un niño encararse y golpear de esa manera a un adulto. Es entendible que genere rabia y ganas de, digamos, corregir su conducta. Pero lo cierto es que, aunque el adulto hace bien al ignorarlo y retirarse del lugar en un principio, comete el error de pararse en un momento dado, y encararse. Eso es justamente lo que motivaba la conducta chulesca del niño, que buscaba una reacción. A partir de ahí el despropósito.

¿Posible alternativa eficaz? Seguir ignorando al niño (sin parase para encararse), y salir del lugar.

Pero no me interesa tanto este excepcional caso. Sino que a partir de él, se lean toda clase de justificaciones sobre la necesidad de la hostia a tiempo como medida educativa aplicable a los niños en general.

Tenemos el artículo 19 de la Convención de Derechos del Niño, que promueve la adopción de medias contra "toda forma de perjuicio o abuso físico o mental"
El artículo 154 del Código Civil en España sobre el respeto de la "integridad física y mental".
El artículo 147 del Código Penal, que castiga al que "golpeare o maltratare" a otra persona aun "sin causarle lesión"

Tenemos pues unos derechos y una legislación que es clara en su oposición al castigo físico. 
Pero aún así sigue habiendo cierto apoyo implícito a estas prácticas por parte de jueces, padres, y parte de la sociedad.

¿Por qué?
¿Será por falta de alternativas a ese castigo físico?

Resulta que no. Ya que también tenemos toda una serie de técnicas de modificación de conducta que se ha mostrado eficaces sin recurrir al castigo físico, las cuales se fundamentan en medidas preventivas (para evitar la aparición de conductas problemáticas del niño), medidas reactivas (para reaccionar alterando las consecuencias de la conducta problemática, y por tanto su probabilidad de re-aparición futura). También es posible acudir a la enseñanza de habilidades alternativas o de afrontamiento que hagan innecesarias la emisión de conductas problemáticas.
(Más info en posteriores entradas)

¿Qué es lo que falla entonces?

Apuntaría en varias direcciones.

  • Por un lado la falta de concienciación. ¿Os acordáis del "mi marido me pega lo normal"? Es un libro que habla sobre una época no tan lejana en la cual cierto grado de "corrección física" de la mujer, no estaba mal visto. O desde luego no como ahora. Hoy día, afortunadamente, no dudamos en calificarlo de maltrato, y tenemos legislación específica y una gran concienciación para luchar contra ello.
    Pues bien, creo que con la "hostia a tiempo" debería pasar igual. Sólo que aún estamos en fase de relativa poca conciención (vamos progresando, eso sí).
  • Por otro, el déficit recursos (información, dominio de técnicas,...) con el que cuentan los padres. Lo cual no es algo que deba llevar a responsabilizar únicamente a estos, sino que es una responsabilidad de toda la sociedad. Incluyo a los profesionales de la psicología quienes tenemos a nuestro alcance hacer llegar nuestros conocimientos de la forma más atractiva posible (por no entrar en las actitudes permisivas con esta corrección agresiva que también he visto en profesionales del gremio que trabajan con niños).
"¿Dónde está mi tribu?"
Ese título tiene un libro que estoy ojeando, sobre la vulnerabilidad y soledad en la tarea de ser padres, en una sociedad individualista y con enormes dificultades de conciliación familiar-laboral.

Ser padres es uno de los grandes retos de la vida.

El ideal de buen padre propio de la cultura pide: darles amor, ser comprensivo, ser autoridad, y tener el autocontrol suficiente para no desbocarse en esas situaciones complicadas que se dan con los niños a veces ((unos niños que buscan poner los límites a prueba como parte de intento de comprensión del mundo).

El ideal de sociedad, desde mi punto de vista, prestaría un enorme apoyo a esta labor tan importante y a la vez tan complicada. Intentando con ello, además, facilitar la no-recurrencia a prácticas que abusen del poder físico. Cosa que no ocurre en una sociedad donde ni a padres ni a profesores se les da siquiera nociones básicas de un manejo respetuoso de la conducta de los niños.

Sólo quería reflejar  una percepción que he tenido entre ayer y hoy, y un apunte de análisis posible. Aquí tenéis otro muy interesante sobre el mismo tema.
Quiero dedicar, más pronto que tarde, otra entrada para hablar sobre el abordaje de las llamadas conductas desafiantes.

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